sábado, 7 de agosto de 2010

DE ZOL, EZTRELLA Y LLUVIA

                                               Déjame
                                               urdir con estas manos Cielo,
                                               y llover
                                               sobre el campo desierto de tu cuerpo
                                                                          Alejandro Filio


Hace dieciocho años que se conocieron la Tierra y el Cielo - dijo el viejo Ramón

I
Con mános débiles agita su cabello cano; sus ojos se empequeñecen mientras aspira el puro y se prepara a hablar a los guardianes de nuestro pueblo. No cualquiera puede fumar delante de nuestros primeros padres, sólo los chamanes. Ramón recibió ese derecho muy joven: una vez salió al monte a cazar ,la tormenta lo envolvió y fue alcanzado por un rayo. Cuando los mayordomos constataron que había sobrevivido al impacto, supieron que era señal de que los dioses más primeros lo habían elegido para decir Su Palabra a través de sus labios.

Ramón exhala el humo con un gran suspiro y dice:
Las personas ya no saben el secreto para hacer llover, por éso nuestros campos están secos y las milpas no florecen. Deben las personas volver a danzar, implorando a los dioses primeros que tengan compasión, como era en el principio. Aprendan pues la 

II
HISTORIA DE LA DANZA DE LA LLUVIA


Cuando los dioses primeros danzaron el Universo, establecieron las fronteras del mar, del Cielo y de la Tierra. Desde entonces, muchos soles pasaron, sin que nadie traspasara sus propios límites.

En el primer año del séptimo sol, Quetzalcóatl - primera estrella de la mañana- miró debajo suyo y descubrió a la Madre Tierra, engalanada con violetas silvestres. Pero Pachamama se escondió en el capullo de una gardenia, protegiendo su rostro de la caricia del viento.

Bajo la luz de Quetzalcóatl, Pachamama se asomó al jardín de su conciencia (como sabemos, la conciencia de la Tierra son sus lagos, en los que se refleja a sí misma - a veces con suaves brisas, a veces con embravecidas tormentas)

Y mirando, mirándose, miró en sí misma a alguien distinto. Un reflejo azul, como sus aguas, pero con figuras de tonos blancos y grises. ¿Quién eres tú? preguntó al fondo del lago, pero sólo silencio escuchó. ¿Por qué no me contestas? insistió, pero nadie más que ella había en el jardín. Fue entonces que Pachamama, la de las silvestres violetas, volteó su mirar a lo alto, y se miró a sí misma en otro lugar. 

Así fue como la Tierra y el Cielo se conocieron. Y conociendo, conociéndose, se dieron cuenta de que mucha semejanza había en sus diferencias. Pues en el fondo de la profundidad de Pachamama, un sol escondido ardía; lo mismo que en la profunda altura de Quetzalcóatl.

III
Pero Queztalcóatl partió a la lejanía. Era de por sí su camino el viajar entrelazando a unos y a otros como queriendo crear un nosostros. Así, muchos inviernos pasaron desde aquel primer encuentro, hasta que Quetzalcóatl cumplió su promesa de regresar, en el año 18 del séptimo sol. 

Cada vez era mayor la unión entre los dioses del Cielo y de la Tierra, entre Quetzalcóatl y Pachamama, por lo que cada vez más miedo les producía acercarse a la frontera que les distanciaba. Pues sabían que ni los dioses primeros traspasaron sus propios límites. 

Pero en el sexto  mes del decimoctavo año, apareció un guardián de nuestro pueblo a quien llamaban Chamán, pues podía comunicarse con los dioses primeros. Subió una noche a lo alto de la colina sagrada y oró.

Chamán habló a Pachamama: Madre de la florida espera, que ofreces sustento a todo ser que alienta en el Universo, mucho tiempo te has escondido, hasta olvidar cual es tu rostro verdadero. ¿Quién será capaz de inspirarte tal confianza, que reveles el secreto de tu corazón?

Y dijo a Quetzalcóatl: Primera estrella de la tarde, que con tu aliento impulsas las naves de los marineros. ¡Cuántas personas ha sido escuchadas por tí, y en tí han encontrado consuelo! Pero ¿quién escucha los sueños de tu corazón? ¿En quién has depositado tu dolor y tu alegría? ¿Quién te impulsa a tí?

Entonces los dioses de la Tierra y del Cielo vieron con claridad, sin máscaras, y se dijeron: Así que desde el principio hemos sido creados juntos y juntos hemos crecido.

Chamán, viendo la belleza de las sombras que cubrían la Tierra, y la belleza de las estrellas que iluminaban el Cielo, exclamó: Grandes fueron los danzantes primeros, pues crearon el Cielo y la Tierra y a la Humanidad la bendijeron con su unión: el Horizonte.

Y sucedió que, en el quinto día del séptimo mes del año dieciocho, los guardianes de nuestro pueblo subieron a la Montaña sagrada y se reunieron en consejo con los dioses del Cielo y de la Tierra.

Pachamama pronunció su palabra, y su palabra era verdadera. Dijo: Mucho fruto estoy llamada a dar, para sustentar a mis hijos y así los Hombres y Mujeres verdaderos puedan andar su camino. Pero no basta con ser horizonte que sustente el caminar de los demás, antes he de llenar de Vida mi vida. Pero sola no ha de ser.

Y habló su palabra Quetzalcóatl, y sólo verdad resonaba en su decir: Gran alegría es saberse horizonte, pues los Hombres y Mujeres verdaderos marcharán siempre adelante, tratando de alcanzarlo. Pero no basta con tener un punto de contacto con la Tierra. Más bien, ese horizonte ha de ser consecuencia de una unión anterior, más aunténtica, más total. Y es que en verdad ¿qué poyecto puede ser más valioso de poner en común, que el propio corazón y su misterio? Pero solo no ha de ser.

Entonces los guardianes de nuestro pueblo deliberaron largo tiempo.  Cuando llegaron a un consenso, Chamán dijo a los dioses de las gardenias y la luna: Nosotros somos los Hombres y Mujeres Verdaderos; nuestros ojos contemplaron la Justicia, nuestros oidos escucharon la Ternura y nuestra bocas han aprendido a hablar la Verdad. Pero es hasta hoy que nuestros corazones se han encendido. Permítanos ser el puente que rompa las fronteras. Que nuestros danzantes pies -unidos a la Madre Tierra- y nuestros danzantes brazos - unidos al Padre Cielo- construyan un baile común en que los corazones se entreguen y compartan.

Radiante fue el amanecer en que los guardianes de nuestro pueblo danzaron en la altura de la sagrada Montaña, la vigésimo sexta de los lugares divinos. Y el corazón de Pachamama explotó en fragantes esencias que, esparcidas por el viento de aquella danza, traspasaron los antiguos límites y perfumaron el Cielo. Tanto se conmovió Quetzalcóatl, que su corazón entero de concentró en finas gotas que traspasaron las antiguas fronteras y fecundaron el corazón de la Tierra.

Así la lluvia fue nacida.

IV

Hace dieciocho años que se conocieron la Tierra y el Cielo - dijo el viejo Ramón - ahora sabes el secreto. Levántate y danza conmigo, que es tiempo de que hagamos llover.

                                                                                   México, D.F.
                                                                                   Agosto 7, 2010 (*)
                                                                                   El Trovador


* Aunque basado en la línea general de un cuento que escribí hace varios ayeres, sólo una mirada superficial podría pensar que son iguales o siquiera semejantes. En verdad, este cuento de hoy tiene su realidad propia y única. Y, sinceramente, mucho mejor

jueves, 5 de agosto de 2010

El valor de las palabras sinceras


Esta madrugada, durante el proceso de empacar mis archivos personales, encontré un viejo y despastado cuaderno. Ese cuaderno -versión prehistórica de este blog- fue recogiendo mis reflexiones, mis cuentos cortos y "parábolas" durante una buena parte de mi juventud. La primer anotación - ahora diríamos la primer entrada o post- es de 1989 y la última de 1998.  

Es muy interesante mirar lo que escribía, cómo fui evolucionando en los temas y en los estilos de lo que iba registrando. Fueron apareciendo personajes tan queridos para mí, cada cual en su momento, como Rovai Loodrge en la primera etapa; el inolvidable Baec Rasbsu; y por supuesto, mi "yo profundo" conocido como El Trovador. Cada uno con su sabor propio.  Y claro, a partir de junio de 1992 aparece la poesía enamorada. 

En una entrada anterior he publicado algunas de esas poesías de mis años universitarios, que recapturé en versión electrónica hace unos 12 años. Pero esta madrugada, hojeando mi viejo cuaderno, reencontré un poema de febrero de 1994 que incluso no recordaba haber escrito.

Febrero de 1994. Yo estaba a la mitad del segundo año de la Facultad. Después de haber pasado un año extraordinario en San Juan del Río, estaba de vuelta en Querétaro. Y la distancia dolía, a veces con desesperación. 

Ese es el contexto de esas palabras, que me ha impactado volver a leer después de 16 años. Porque, después de 16 años, quedó demostrada su sinceridad, su pertinencia, su exactitud. Porque, 16 años después, quedó demostrado que no eran sólo una fantasía ingenua, sino una profecía y una certeza. 

Y porque, 16 años después, vuelvo a pronunciar las mismas palabras hoy - con la misma sinceridad y  aún mayor certeza que entonces. 

AUN PODREMOS COINCIDIR

A pesar de todo lo que ha pasado
a pesar de los cambios en nuestro vivir
a pesar de la distancia que nos ha separado
aún podremos COINCIDIR

A pesar de que no nos hemos visto
a pesar de que no te he vuelto a escribir
a pesar de todo, en mi interior insisto:
aún podremos COINCIDIR

A pesar del silencio que me rodea
y que tu luz no alcance a distinguir
estoy seguro que aunque hoy no te vea
aún podremos COINCIDIR

A pesar de esta soledad
aún conservo la esperanza
que mientras exista un amor de verdad
siempre volveremos a COINCIDIR